Bio
1975 fue un año extraño y una buena añada para el espíritu del rock. Murió Franco, España empezó a cambiar y una generación entera nació en un mundo que estaba a punto de ser otro. Entre ellos, tres músicos que acabarían encontrándose en Barcelona y dedicando más de treinta años a hacer música.
Han tocado, aprendido y vuelto a empezar en diferentes bandas y estilos. En 1997 formaron PLACTON, una banda que vivió 15 años. Tres décadas después, cuando todo parece avanzar hacia un mundo cada vez más rápido, más cómodo y más artificial, vuelven a encontrarse en el mismo lugar del que partieron: batería, bajo, guitarra, voz y actitud.
No es nostalgia. Es regocijo.
MEHARY nace para volver a la raíz con todo lo que ha pasado desde entonces. Para recordar que una canción puede seguir siendo una cosa física, imperfecta y viva. Que cuatro instrumentos pueden decir algo que ninguna máquina sabe decir todavía. Que el rock no necesita pedir permiso, ni disfrazarse de actualidad, ni demostrar su utilidad.
Hay una palabra que resume buena parte de esta historia: Méhari, un coche sencillo, extraño y carismático que huele a carreteras sin instrucciones y a una forma de entender la libertad sin grandes pretensiones. Pero el nombre viene de más lejos: el mehari es un dromedario rápido y resistente, nacido para atravesar el desierto.
Nos gusta esa imagen: algo ligero que atraviesa un territorio inmenso llevando un mensaje de un oasis a otro.
Y como el mehari, MEHARY viaja sin caravana. No hay sello, ni productor, ni oficina detrás: las canciones se escriben, se graban, se mezclan y se masterizan entre las mismas cuatro paredes donde nacen. El logo, las portadas, los vídeos, la web, la distribución, hasta las cuentas las hacen las mismas manos que tocan, con dinero propio. No es una carencia que disimular, es la misma libertad de la que ya hablaba ese coche sin instrucciones. Nadie más traza el camino.
MEHARY es eso: canciones atravesando el ruido para encontrar a alguien al otro lado.
Hay guitarras, melodías que se quedan, ruido, humor, tensión, belleza y rabia. Hay treinta años de oficio, pero ninguna intención de comportarse como una banda de treinta años. Hay tradición, pero no reverencia. Hay experiencia, pero curiosidad intacta. Hay una mirada sobre el mundo que no pretende salvarlo, sino seguir viviendo en él sin dejar de enseñar los dientes.
Porque quizá la verdadera rebeldía consista en seguir siendo humano, exageradamente humano e imprevisible. Como una flor que aparece donde no debería haber nada.
MEHARY.